Antes de morir...
Alejandro Andrés Albornoz.
A veces me imagino al borde de la muerte, por deseo o miedo dependiendo del día, y siempre sos una de las personas que se me viene a la mente al pensar en esto. Precisamente porque no quiero morirme y no decirte todo esto, decido escribirte esta carta. Sería fácil escribirte por instagram, citarte y decirte todo esto en este mismo momento, pero ambos sabemos que sos evasivo… y que seas evasivo me vuelve cobarde, con miedo a ser rechazada.
Por eso a veces creo que es mejor estar muerta o cerca de la muerte para decirte todo esto. Algo que me obligue, y no me de alternativa.
Siempre que te imagino leyendo la carta, yo ya estoy muerta y vos ya tenés familia. Y a juzgar porque tenés una pareja actualmente, y yo siempre estoy al borde de abismo, se me hace necesario escribirte esto.
Tampoco es, y aclaro, que te escribo esto porque tengo planeado terminar con mi vida. Jamás haría tal cosa… de momento. Y espero que, cuando leas esta carta luego de mi muerte, ésta haya sido por circunstancias que no hubiese podido cambiar aunque hubiese deseado.
En fin, la razón de esta carta es bastante sencilla, que habría sido demasiado breve sin esa introducción. La razón es que no te puedo olvidar. Y que, siempre que te recuerdo, lo hago con cariño, con placer. Lo que, viniendo de mi parte, ya es mucho, porque odio los recuerdos. Odio cualquier tipo de recuerdo, feliz, triste, aterrador o molesto, porque todo parece demasiado… pesado. Los felices fácilmente se convierten en tristes, los tristes se vuelven deprimentes, los aterradores rápidamente se vuelven pesadillas de las que no puedo huir, y los molestos me vuelven una persona resentida y malhumorada. De ser por mí, y que conste que es algo que estoy lidiando en terapia, todos mis recuerdos serían eliminados permanentemente de mi mente.
Y eso es lo raro. Algunos de los que tengo con vos, precisamente esa primera caminata nocturna, donde te pasé a buscar por la terminal, es la primera que se me viene a la mente cuando veo la luna siendo rodeada por las nubes nocturnas. La brisa me recuerda las conversaciones que tuvimos. Y todo me lleva a desear volver a estar con vos esa noche. Hacerlo diferente. Sólo que no demasiado. Me hubiera gustado tomar tu mano, y reír juntos. ¡Dios! Todas las veces que caminamos juntos quería tomar tu mano, o abrazarte. ¿Por qué no lo hice? Es algo de lo que, tal vez, me arrepiento. Y digo tal vez, porque si lo hubiera hecho, probablemente las cosas no hubieran mejorado sino empeorado. Porque también creo que todo sucede cuando debe suceder y si debe suceder.
Me gusta pensar que cada cual escribe su destino… pero a la vez, la vida me mostró que las cosas suceden cuando deben suceder. Ni antes ni después.
Tampoco hubiera sido justo para vos tenerme a la mitad. Y eso hubieras conseguido por entonces. Sencillamente no era hora.
No digo que ahora lo sea. Con todo lo que sucede en mi vida, con todos mis miedos… ¿sería justo pedirte que renuncies a tu felicidad actual por mi egoísmo? Me encantaría ser ese tipo de persona que va por lo que quiere… pero también soy consciente de que sos una persona. Que ya pasaste por mucha mierda, para llenarte con mi drama. Y eso es lo más absurdo de todo… que si hubiera alguien a quien quisiera dejar entrar en mi vida y mi drama, serías vos. ¿Me hace eso mala persona? ¿Debería estar sin problemas para poder exigir un lugar junto a vos? ¿Debería ser la chica más feliz del mundo para que quieras tener algo conmigo?
No estoy segura de que todo esto funcione así. Mi egoísmo y la falta de él, me llevan, por tanto, a escribirte esta carta. Que ella te encuentre en el momento en que mejor le parezca. Que ella te susurre lo que mi corazón está gritando.
Y quería decirte… que te quiero mucho. El tiempo y el miedo no cambia eso. No cambia mi deseo de regresar a tu lado. O de agarrar tu mano. O de abrazarte.
Todavía creo que nos faltan muchas caminatas nocturnas, muchas cosas que hablar, y lo demás.
Y si realmente estoy muerta para cuando leas esto, espero que me prometas encontrarme en el más allá.
Con amor, Ana.
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